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El mercurio es una potente neurotoxina que ocasionar pérdidas sensoriales, temblores, déficit de coordinación muscular, problemas en el habla, capacidad auditiva y problemas visuales. El mercurio metilado se enlaza con átomos de carbono e hidrógeno. El no metilado, en cambio, se une a un átomo de carbono y a otro de azufre, y se cree que de este modo es menos probable que sea metabolizado por nuestro organismo.
La toxicidad del mercurio depende, por tanto, de su forma química, y los síntomas y signos varían según se trate de exposición al mercurio elemental, a los compuestos inorgánicos del mercurio o a los orgánicos (en particular los compuestos de alquil mercurio, como sales de metil mercurio y etil mercurio, y el dimetil mercurio).
La toxicidad del mercurio depende, por tanto, de su forma química, y los síntomas y signos varían según se trate de exposición al mercurio elemental, a los compuestos inorgánicos del mercurio o a los orgánicos (en particular los compuestos de alquil mercurio, como sales de metil mercurio y etil mercurio, y el dimetil mercurio).
El metilmercurio es un neurotóxico que traspasa con facilidad la barrera placentaria y la barrera hermatoencefálica; de ahí lo preocupante de la exposición durante el embarazo. Un ejemplo de liberación directa de compuestos orgánicos de mercurio es el caso de envenenamiento por metil mercurio en la bahía Minamata (Japón) en los años 50, cuando se vertieron en el mar subproductos orgánicos de mercurio como resultado de la producción industrial de acetilaldehído. También se conocen casos de envenenamiento en Irak, debido a que las semillas de trigo utilizadas para preparar pan habían sido tratadas con un recubrimiento fitosanitario a base de compuestos inorgánicos de mercurio.
Entre las especies más proclives al cúmulo de toxinas se encuentran el tiburón el pez espada o emperador, como en el caso de la alerta, los atunes, bonitos y caballas.
Fuente:
rasff
eroski

