miércoles, 2 de enero de 2013

EFSA publica su informe sobre los riesgos del mercurio en los alimentos

La EFSA ha establecido los límites de ingesta semanal tolerables, o niveles de seguridad, con el objetivo de proteger a los consumidores de los efectos nocivos de la presencia de las principales formas en que el mercurio se presenta en los alimentos: el metilmercurio y el mercurio inorgánico.
 
En el caso del primero, presente principalmente en el pescado y el marisco, es sobre todo peligroso para sistemas nerviosos en desarrollo y para el cerebro –por ejemplo, el feto de las mujeres embarazadas.

Los especialistas en contaminación de alimentos de la EFSA hicieron este estudio a petición de la Comisión Europea para establecer nuevos límites a partir de los datos ya recogidos en informes previos, de 2003 y 2010, desarrollados por un comité mixto de la FAO y la OMS.
El mercurio inorgánico no es tan tóxico, y puede encontrarse también en el pescado y el marisco, o en las comidas preparadas. Sobrepasar el nivel de seguridad es difícil, pero puede suceder si se combina con otras fuentes.

Niveles de seguridad

Se ha establecido, para el mercurio inorgánico, un nivel de seguridad de 4 mg por kg de peso corporal, acorde con la investigación previa.
Por tanto, lo han colocado en los 1.3 mg por kg de peso corporal, a diferencia de los 1.6 mg por kg antes establecidos. 

Es distinto el nivel para el metilmercurio, pues los nuevos estudios se concluyen que los efectos beneficiosos asociados a los ácidos grasos del omega 3 presentes en el pescado han llevado a subestimar sus efectos adversos.

Investigación con datos más precisos

Gracias a éstos ha sido posible una mayor precisión a la hora de evaluar la exposición de las personas al metilmercurio en su dieta.

La carne de pescado, especialmente el atún, el pez espada, el bacalao, la pescadilla y el lucio fueron identificados como los vehículos más importantes de la exposición al metilmercurio en Europa para todas las edades, además de la merluza para los niños

La exposición en el caso de las mujeres embarazadas no ofreció grandes diferencias con el resto de adultos. En el caso de los consumidores habituales de pescado, la exposición se situaba en algo más que el doble que la población total.

Todas estas conclusiones tienen que ver solamente con la exposición a través de la dieta, y no evalúa los beneficios nutricionales ligados a ciertos alimentos (como el pescado o el marisco).

Aun así, desde la EFSA añadieron que, si si las medidas para reducir la exposición al metilmercurio son considerados por los gestores de riesgos, los posibles efectos beneficiosos del consumo de pescado también se deberían tener en cuenta.


Fuente: clubdarwin             
            EFSA